Introitus

La idea. Elaborar un cartulario definitivo, un archivo general que contenga todo sobre Agustín Aguilar Tagle, así como aquello que se dio, se da y se dará en torno a su persona. En la medida de lo posible, se evitará el uso de imágenes decorativas (se usarán sólo aquellas que tengan cierto valor documental). Asimismo, se prescindirá de retorcidos estilos literarios a favor de la claridad y la objetividad (la excepción: que el documento original sea en sí mismo un texto con pretensiones artísticas). El propósito. Facilitar la investigación biográfica, bibliogáfica, audiográfica y fotográfica posterior a la muerte de Agustín Aguilar Tagle, de manera tal que sus herederos espirituales puedan dedicar los días a su propio presente y no a la reconstrucción titánica de virtudes, hazañas, amores, aforismos, anécdotas y pecados de un ser humano laberíntico, complejo y contradictorio. El compromiso. Cuando busco la verdad, pregunto por la belleza (AAT).













sábado, 20 de mayo de 2017

La dedicatoria


A Juan Manuel, desde la otra orilla.

Antes de poner el yeso en el muro de ladrillos, el viejo chalán raspó sobre uno de ellos con la esquina de la espátula una dedicatoria sencilla: “A Natalia, con amor”, y sonrió. Fotografió con el celular su grabado y se dispuso a enyesar la pared. Tuvo, sin embargo, la mala fortuna de hacer todo esto en el momento en que el cabo de albañilería pasaba por ahí:

-¿Qué es eso?
-Una dedicatoria, jefe, pero nadie la va a notar.

Explotó el cabo:

-¿Qué diantres te pasa? ¡No te mandas solo! ¡Y esta pared no te pertenece! ¡Quita eso de inmediato, quita ese ladrillo y coloca uno sin dedicatoria! Abusas de la confianza que se te da. ¡Entiende: ésta no es tu pared, ésta no es tu construcción!

-De acuerdo. Usted perdone.

Al percibir el silencio de los demás albañiles, el cabo preguntó:

-¿O qué piensan ustedes? ¿Vamos a estar dedicando nuestro trabajo a la primera persona que se nos ocurra? ¿Vamos a estar pensando que esto es un asunto personal? ¡No se dejen llevar por las emociones en su trabajo!  ¡Póngale inteligencia, carajo! A ver si así dejan de meter la pata, bola de pendejos. Esto que están ustedes construyendo, señores, no les pertenece. ¡No les pertenece! Esto pertenece a la Comunidad, al Partido, al Reino, al Estado, a la Sociedad, a la Humanidad, a muchas cosas de verdad importantes y trascendentes… ¡no a ustedes, individuos, mediocres, poquita cosa! Estamos aquí para El Gran Proyecto, no para satisfacer su vida miserable, insectos. Cuando entreguen convencidos su amor a El Gran Proyecto, tal vez entonces entiendan qué estamos haciendo aquí.

Los albañiles movieron la cabeza en señal de mansedumbre absoluta. Algunos trataron de articular algunas frases que no los pusieran en riesgo, y lo hicieron con voz temblorosa y sin ánimo de defender a su compañero, sin valor para expresar sus verdaderos pensamientos y sus verdaderos sentimientos, cualesquiera que éstos fueran. ¿Para qué? –pensaban siempre-. Cualquier cosa que digamos será usada en nuestra contra. ¡Que el viejo chalán se las arregle solo! Ya está grandecito para defenderse…

Arrepentido de su agresividad, el cabo intentó ceder…

-¡Bah, en fin, salte con la tuya, viejo pendejo! Pero vas a ponerle: “A Natalia, la novia de un viejo pendejo, con amor”. Si no pones eso, no tienes permiso.

-Sí, jefe, está bien.

-¿Ya ves qué fácil? Negociando se entiende la gente. La cosa es ganar-ganar.

-Sí, jefe. No estoy de acuerdo, pero sí jefe.

-¿No estás de acuerdo con qué? ¡Carajo, nunca se te puede dar gusto!

-Déjelo, jefe, está bien. Se hará como usted diga.

Y el viejo albañil llegó a su casa, se quitó los zapatos y se tiró en la cama. Respiro profundo y miró con tristeza el haz de luz que entraba de la calle por una rendija.

Al conciliar el sueño, la boca de Natalia lo cubrió de besos. Y pudo olvidar la amargura y la humillación.


Una dedicatoria es un guiñó, es un gesto que en ciertos casos ayuda a darle sentido a nuestro trabajo, cuando el trabajo ha perdido su propio sentido. Y no queremos explicar la dedicatoria a todo el mundo, no nos interesa que el mundo entienda nuestra señal de amor, de respeto, de admiración o de reconocimiento.

A veces, en la gris cotidianeidad de El Gran Proyecto por el que se nos da unas monedas, pensamos en alguien que amamos y decimos, en busca de nuestra propia redención: Te dedico a ti lo que no quiero que caiga en el vacío, y así, al dedicártelo –sin que la gente capte el mensaje- puedo decir que no he perdido mi tiempo.

Sin embargo, explicar una dedicatoria en la misma dedicatoria es debilitar la dedicatoria.

Decir: “A Cunegunda, hermana del Pelícano Martínez, por su exquisita sopa de bolitas de arroz en jitomate”, es faltarle el respeto a Cunegunda y al Pelícano Martínez. Ambos saben que son hermanos, ¿qué caso tiene señalar el lazo fraterno? ¿Para que la gente sepa quién es Cunegunda? ¡Entonces el mensaje no es para Cunegunda, sino para la gente! Y la dedicatoria fracasa, no alcanza a ser lo que quiso ser: un guiño de amor, sin condiciones.

Vivimos tiempos tristes.