Introitus

La idea. Elaborar un cartulario definitivo, un archivo general que contenga todo sobre Agustín Aguilar Tagle, así como aquello que se dio, se da y se dará en torno a su persona. En la medida de lo posible, se evitará el uso de imágenes decorativas (se usarán sólo aquellas que tengan cierto valor documental). Asimismo, se prescindirá de retorcidos estilos literarios a favor de la claridad y la objetividad (la excepción: que el documento original sea en sí mismo un texto con pretensiones artísticas). El propósito. Facilitar la investigación biográfica, bibliogáfica, audiográfica y fotográfica posterior a la muerte de Agustín Aguilar Tagle, de manera tal que sus herederos espirituales puedan dedicar los días a su propio presente y no a la reconstrucción titánica de virtudes, hazañas, amores, aforismos, anécdotas y pecados de un ser humano laberíntico, complejo y contradictorio. El compromiso. Cuando busco la verdad, pregunto por la belleza (AAT).













lunes, 16 de mayo de 2011

De cubanos y otros pájaros

Texto escrito el miércoles 18 de enero de 2006

Escucho Me gusta todo de ti en la bellísima interpretación de Pío Leyva (Morón, Cuba 1917), rey del son montuno, donde la letra de Serrat está dicha con esa convicción cachonda que tienen los cubanos: Me gusta todo de ti, tu ombligo menudo y chato, tu talle de maniquí, el lunar de tu omoplato; me gusta todo de ti, tus pezones como lilas, tu alcancía carmesí, tus ingles y tus axilas; me gustas, pero a pedazos.

La rima y la metáfora del barcelonés me recuerdan, a propósito, a Julio Herrera y Reissig, ese montevideano que hacía cantar la tinta como si fuera la plata de Alejo Carpentier en Concierto barroco:

Con la quietud de un sincope furtivo,
desangróse la tarde en la vertiente,
cual si la hiriera repentinamente
un aneurisma determinativo.

Hurló en el bosque un pájaro cautivo
de la fascinación de una serpiente;
y una cabra enigmática, en la fuente,
describió como un signo negativo.

En su vuelo espectral de alas hurañas,
la noche se acordó de tus pestañas...
¡Y en tanto que atiplaban mi vahído

las gracias de un billete perfumado,
ofició la veleta del tejado
el áspero responso de tu olvido!

Pero hablábamos de Pío Leyva, así que, a propósito de cubanos hermosos, va aquí un fragmento de las memorias inéditas de Marie Alvarodíaz:

Cuando era pequeña, bueno, de poca edad (porque pequeña sigo siendo), mi abuela Altagracia trató de enseñarme los poderes de la música, que para ella eran muchos. Abuela Alta, como le decíamos, tenía programado un plan musical para cada estación del año.

Por ejemplo, decía que con Mozart los aguacates se maduran más rápido. Apenas llegaban los primeros vientos de la cuaresma, abría puertas y ventanas, y las poderosas armonías de Don Giovanni o Le nozze di Figaro se abrían camino a través de toda la casa y no paraban su marcha hasta tropezar con los troncos de los árboles. Con Verdi y su Traviata, los mangos eran los favorecidos.


En primavera y verano, lo más apropiado era deleitarse con música de la isla. Decía que las flores brillaban con Ernesto Lecuona, y que las hormigas no se comían sus rosales si escuchaban a Beny Moré. Inclusive, con Bola de Nieve los insecticos se mantenían entretenidos.

Para el invierno, tenía reservada su colección más querida. Altagracia era de la opinión que con el frío las personas se vuelven intranquilas y nostálgicas, en pocas palabras aburridas, y que el blues y el jazz logran cambiarlas sin que se den cuenta. Así decía. Apenas amanecía el 21 de diciembre, y la voz de Ella Fitzgerald invadía cada rincón con Our love is here to stay: It's very clear, our love is here to stay; not for a year but ever and a day.

La melodía de Ánimo Índigo (Mood Indigo), de Duke Ellington, tan sonada que se colaba hasta las macetas del corredor, lograba que las planticas y nosotros no nos pusiéramos tristes por la falta de sol. Lo mismo sucedía con Everyday I have the blues, de B.B. King, según su abundante experiencia. Take five, de Dave Brubeck, nos argumentaba mi Abuela Alta, sirve para quitar la sensación de sueño… o, de plano, te hace dormir toda la estación.

El chiste era que no anduvieras jodiendo.


Good morning little school girl, de Sonny Boy Williamson II, tocada por Johnny Winter, era la apropiada para que mi hermano y yo no acabáramos revolcados en el piso, a piñazo limpio, tal y como era nuestra adorable costumbre.

Mi abuela era de la opinión de que a mi papá le desaparecía la angustia con Amazing Grace cantada por Ray Charles, y que mi hermana gemela se dejaba peinar si le ponía, con suavidad, Hobo Blues, de John Lee Hooker. Hasta decía que en pleno invierno, con Muddy Waters se te antojaban más los platanitos.

¡Cuánta razón tenías, querida abuela!

El viernes pasado, con Sea of love, tocada por Las Señoritas, se desparramó una sensación de amor que no paró hasta la cocina. Y con Layla, tocada por Vieja Estación, se acabaron los tripilingos (así decimos en Cuba a las musarañas mentales).

Aquí entre tú y yo, Agus, ¿te has fijado en el poder que tiene la música en manos de éstos chicos?

Un abrazo.
Marie

No hay comentarios:

Publicar un comentario